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Cultural

Olga Gutiérrez: Poesía entre luz y matemática

La editora conversa sobre sus orígenes laguneros

SAÚL RODRÍGUEZ / EL SIGLO DE TORREÓN
domingo 24 de enero 2021, actualizada 8:10 am

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Su infancia transitó en las calles de Torreón, justo frente al Bosque Venustiano Carranza. En ese espacio lúdico de la vida, la religión protestante de su familia la instó a leer los Salmos en las sagradas escrituras. 

"Éramos mucho menos que los judíos que había en aquel entonces. Entonces, sí sufrimos de discriminación".

Olga Gutiérrez, físico-matemática, poeta, traductora y editora del Anuario de Poesía de San Diego, esboza el pasado y comparte sus orígenes laguneros a través de un enlace virtual.

Recuerda que por las mañanas solía asistir al Templo Metodista San Pablo y por las tardes acompañaba a sus primas a la iglesia católica. Sin duda, el nexo con las dos religiones marcó su desarrollo como ser humano.

"Vivimos un tiempo, cuando era muy niña, frente al bosque, en una casa muy grande y tengo unos recuerdos divinos de esa etapa, porque teníamos un jardín, estaban los caballitos del diablo, había unos naranjos. Era de veras un paraíso y era increíble cruzarse al bosque".

Tiempo después, la familia de Olga se mudó a Torreón Jardín y la inscribieron en un colegio bilingüe que le permitió pensar la realidad en inglés y español.

Fue en esta etapa cuando una pasión emanó como fulgor interior. Olga cimentó su interés en las matemáticas y la poesía gracias a su abuela.

"Mi abuela, todas las tardes, desde que tenía tres años, hacía que memorizara los Salmos. Digamos que el primer libro literario, poético, fueron los Salmos. Desde niña cantaba: 'Alegres a Dios, habitantes de toda la tierra'. Recitaba los Salmos, los aprendí de memoria y después fue un impacto gigantesco darme cuenta de que esto que cantaba, lo podía leer".

Pero ser protestante y vivir en Torreón no era nada fácil en aquella época. Su abuela tenía muy pocas amistades debido a la situación, pero Olga recuerda que le hablaba muy bien de Enriqueta Ochoa, pues la máxima poeta que ha dado esta ciudad tenía tacto humano y amistaba con sus tíos. 

En ese entorno, poco a poco, Olga comenzó a interactuar con el ábaco y otros juegos de física donde recuerda que perseguía la luz.

"Ha sido una constante en mi vida, siempre he estado persiguiendo la luz. He entrado a las tinieblas más terribles, pero siempre mi meta es la luz. Nunca me he sentido a gusto en las tinieblas; las he vivido, pero siempre trato de escapar de ellas".

TRAS EL CONOCIMIENTO

En el colegio, comenzó a leer las obras de Robert Frost y William Shakespeare. Su inteligencia fue boleto para abrirse brecha en las aulas y arribar a la morada del conocimiento. Entender las teorías, la cuántica y el Universo, le provocó más preguntas que respuestas; hay que cuestionarse siempre, porque el rumbo del aprendizaje es infinito.

"Ese deseo siempre lo tengo. A mis 70 años soy capaz todavía de asombrarme. Me asombra que todavía me pueda asombrar. Pero creo que eso que me engulleron en la infancia, ese deseo de aprender, de estar en la luz, de la poesía, de las matemáticas y el hecho de que ser una minoría, una mujer, me hizo sentirme diferente, alejada".

Olga hizo maletas y se mudó a la Sultana del Norte, allí se enlistó en el Tecnológico de Monterrey para estudiar física y matemáticas. La poeta  dice que en la ciencia, las religiones se diluyen y que, como mujer, el estudio científico le permitía debatir cara a cara con un hombre. "De 265 alumnos, solamente dos éramos mujeres".

Tras vivir ocho años en Monterrey, Olga se casó, tuvo hijos y se mudó a Tijuana en 1977. La frontera alimentó su perspectiva, como ese halo de luz que siempre ha perseguido y que, al iluminar un objeto, desnuda sus detalles más finos. Si bien la pareció familiar su multiculturalidad, pues en Torreón se educó en una institución bilingüe y tuvo oportunidad de convivir con varias etnias, entendió que se encontraba en una urbe más grande, con más amplitud.

"Si Torreón fueron los átomos, el Big Bang, donde empieza a formarse todo y al fin vives en un planeta. Después me fui a Monterrey y me di cuenta de que existía un sistema solar, ya era un poco en mí, ya no era aquella niña adolescente, ahora era una joven. Llego a Tijuana y la frontera se convirtió en una galaxia". 

Tijuana le es especial, porque en ella siempre siente la pulsación poética, pero cruzar a San Diego, California, le dio la oportunidad de retomar la poesía.

Ejercicio poético

Olga Gutiérrez es autora de la novela El peso de los Ovarios, de los libros de poesía en inglés Re-Versed, Ostrich Sky, Disclosed, In Vitro, Poetica Mathematica, y los libros de poesía en español:  ÍÍÉ, Binaria (2005), Emily (Editorial CETYS Universidad, edición bilingüe, 2019), Dark Matter (Editorial Universidad de Guanajuato, 2019), y Visitaciones.

Ha publicado con el pseudónimo de enriKetta luissi y actualmente es editora del Anuario de Poesía de San Diego, proyecto derivado del San Diego Poetry Annual y encabezado por William Harry. 

La poesía de Olga Gutiérrez toma nociones de las matemáticas y la física, pues al igual que los números, la inspiración sólo conoce la ruta del infinito. 

"Veo que hay poesía en las matemáticas y veo también que hay matemáticas en la poesía. Por ejemplo, creo que una de las cosas que unen mucho es la cuestión de patrones. Cuando haces un poema sigues un cierto patrón. En matemáticas es lo mismo".

Haber entendido el lenguaje de los símbolos matemáticos y poder comunicarse a través de ellos, le ha permitido interactuar en un amplio campo metafórico, donde lo lúdico se manifiesta como recuerdo infantil.

"También hay otra característica en mi poesía: es densa en el aspecto de que cada palabra es importante. Esta es la palabra porque voy a la raíz de la palabra (...) Lo hago así, sin pensarlo, porque todo está aquí en la mente. Se va produciendo en el subconsciente, donde se acumula todo sin que te des cuenta. Está el subconsciente vivo, sale aquello en un poema y está todo: la físila, las matemáticas, la religión y el sexo". 

Su proceso de escritura comienza a partir de un acontecimiento, lo redacta, termina, se sorprende y hasta el final decide el título. Aquí aparece el patrón y la musicalidad que también tienen las matemáticas. Y es que en tiempos difíciles como los actuales, la poesía ha podido paliar sus dolores.

"La poesía es la que te salva de caer en un agujero negro. Te puedes acercar a un agujero negro y puedes estar ahí siempre, cerquita. Y ya estás a punto de caer en el agujero, cuando la poesía viene y te rescata. Creo que la poesía forma parte de Dios. Dios es poesía. Cuando entendamos quién es Dios, podremos decir: 'Esto es poesía'. Poesía es todo lo que se ha escrito, lo que se ha pensado, se ha dicho, se ha visto, se ha querido, todo. Es todo eso y más, porque somos seres humanos y tenemos un cerebro bastante limitado. Vendrán épocas en que, auxiliados por tecnología, por nuevas cosas, podremos entender un poco más y se podrá hacer otro tipo de poesía".

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