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Gentile y su marcaje sobre Diego: ‘El futbol no es parabailarinas’

El defensa italiano le cometió 23 faltas a Maradona en España 1982

EFE
martes 26 de junio 2018, actualizada 9:26 am

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El futbol, que acostumbra a poner apellidos ilustres a sus jugadas memorables (penalti a lo Panenka, jugada maradoniana, el gol de Pelé -desde el centro del campo pese a que no lo marcó-) reserva sitio en su vocabulario a una acción destructiva; el "marcaje a lo Gentile", que encumbra a un esforzado defensa que, centrado en anular el juego del rival, condujo a Italia a la consecución del título mundial en 1982.

Hijo de sicilianos emigrados a Libia, Claudio Gentile (Trípoli, 27-9-1953) llegó a Italia con 8 años, cuando su familia tuvo que dejar la antigua colonia empujados por la deriva nacionalista de Ghadaffi. Junto al lago Como aprendió a jugar al futbol, debutó en la Serie D, jugó en el Varese en la segunda división y, desde 1973, se afincó en el Juventus, con el que jugaría 414 partidos en once temporadas.

Lateral derecho o defensa central, Gentile supo hacerse imprescindible tanto en el Juventus - con el que conquistó 6 Ligas, 2 Copas, 1 Recopa de Europa y 1 Copa de la UEFA-, como en la selección, con la que disputó 71 encuentros desde 1975 a 1984. No era ni un superdotado ni un jugador deslumbrante, pero era sumamente fiable.

Por eso, el técnico Enzo Bearzot recurrió a él en el momento clave del Mundial de España.

Italia navegaba a finales de junio de 1982 entre críticas feroces tras una floja fase de clasificación, con tres empates (0-0 contra Polonia y sendos 1-1 ante Perú y Camerún) que le había permitido pasar a la segunda fase como segunda de grupo tan sólo por haber marcado un gol más que los cameruneses.

La Azzurra, que había ilusionado con el cuarto puesto en el Mundial de Argentina y mantenía la base del Juventus, era ahora zarandeada por los medios, que cuestionaban la profesionalidad de sus jugadores y criticaban a Bearzot por convocar a Paolo Rossi, que no había jugado durante dos años, suspendido por verse involucrado en una trama de apuestas. Rossi ni se había estrenado en el Mundial como goleador.

Bearzot decidió, entonces, aislar a su selección. Inventó el término "silenzio stampa" y creyó en la fuerza del grupo para salir adelante, en una segunda fase en la que debía enfrentarse a la Argentina de Diego Maradona y a Brasil, la gran favorita por sus exhibiciones previas.

El 27 de junio encontró la clave. "Si no lo marcas tú, lo tendrá que hacer Oriali o Tardelli y perdemos juego ofensivo". Fue toda la explicación que le dio a Gentile y el "africano" se puso a ver vídeos de Maradona hasta que comprendió que la única forma de frenarlo era evitar que recibiera de cara el balón.

Dos días después, en el estadio de Sarriá (Barcelona), Gentile fue la sombra del Pelusa. Lo encimó, le agarró, le empujó y evitó en todo momento que pudiese jugar el balón. Logró que Maradona se desesperase, viese hasta una tarjeta amarilla y arrastrase a una selección argentina que cayó por 2-1.

NO LO DEJÓ RESPIRAR

Gentile cometió 23 faltas sobre Maradona y, tras el partido, cuando le comentaron las declaraciones de éste en su contra respondió: "El futbol no es para bailarinas".

"Cada vez que intentaba recibir la pelota, me daba 'tac', en los gemelos. Y yo no me podía dar la vuelta. ¡Ni lo amonestaron!", explicó 18 años después Maradona en su biografía "Yo soy el Diego".

Bearzot repetió la fórmula contra Brasil -Gentile anuló a Zico- y, luego, frente a Polonia en semifinales -donde Lato fue su víctima-.

Con el cambio de ánimo, Italia encontró el instinto goleador de Rossi y se plantó en la final de Madrid, donde con el apoyo de la grada, la euforia del presidente Sandro Pertini y un icónico gol de Marco Tardelli se coronó campeón del mundo frente a Alemania.

Gentile fue definitivamente el gran triunfador, como expuso en su libro de memorias "E sono stato gentile", publicado en 2016.

"Maradona nunca había sufrido un marcaje así. Me insulta. Cansado de 'mi atención' la toma con el árbitro y le amonestan. Él que debía ser la estrella del Mundial, el gran protagonista del partido, es amonestado antes que yo. Cuando el árbitro señala el final, alzo los brazos al cielo como nunca lo había hecho en toda mi carrera. Al principio del partido habíamos acordado cambiar la camiseta. Luego ni me saluda, sale furioso y empieza a escupir veneno de mi marcaje.

Aquel día, dejé de apreciarlo como persona, porque fue el único que no reconoció mi mérito". Treinta y seis años después, aún se evoca el marcaje de Gentile, cada vez que hay que anular a un jugador decisivo.

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